Hipsters de izquierda

¿Qué es un hipster de izquierda? Corto y pego un fragmento del reciente A nuestros amigos, de El Comité Invisible: “Cualquiera que se dedique a frecuentar los medios radicales se sorprende en primer lugar del hiato que reina entre sus discursos y sus prácticas, entre sus ambiciones y su aislamiento. Se tarda poco en comprender que no están ocupados en construir una fuerza revolucionaria real, sino en mantener una carrera a la radicalidad que se basta a sí misma; y que se basa indiferentemente sobre el terreno de la acción directa, del feminismo o de la ecología. El pequeño terror que reina entre ellos y que vuelve a todo el mundo tan envarado no es el del partido bolchevique. Es más bien el de la moda, ese terror que nadie ejerce sobre nadie, pero que se aplica a todos. En estos medios, se teme ya no ser radical como se teme en otras partes no ser ya tendencia, cool o hipster. Basta muy poco para arruinar una reputación. Se evita ir a la raíz de las cosas en beneficio de un consumo superficial de teorías, manifestaciones y relaciones. La competencia feroz entre grupos así como en su propio seno determina su implosión periódica”. Mejor no se puede explicar.

Politicemos la cultura

He firmado un texto sobre la situación cultural junto a Esteban Hernández, Nacho Vegas, Carolina del Olmo, Germán Cano, Javier Gallego, Santiago Alba Rico y César Rendueles, entre otros. Corto y pego unas líneas: “La industria cultural  se ha adentrado en una insistente racionalización, buscando la rentabilidad por los caminos más obvios, lo que tiende a aplanar lo producido, convirtiendo las creaciones en productos de consumo esencialmente idénticos. Como resultado, el aficionado a la cultura se sumerge en un hartazgo similar al de un votante que no percibe diferencias entre las posibles opciones de voto, y en una saturación que le vuelve anómico. El consumidor cultural acaba enfrentándose tanto a una oferta enorme que apenas puede discriminar como a la sensación de que no merece la pena dedicar tiempo a rebuscar entre ella”. Sigue leyendo

“Las modas dominantes acaparan demasiado espacio”

Estos días me ha venido a la cabeza una respuesta del músico francés Pascal Comelade sobre la homogeneidad de la escena musical. Se publicó en 2012 en la revista Minerva: “Estamos en la peor época que recuerdo. Hoy las modas dominantes acaparan demasiado espacio. En Francia, por ejemplo, la chanson, el rap y el electro son los tres géneros que ocupan casi todo el espectro. Si haces algo diferente te encuentras fuera de juego. Hemos vuelto a formas de dominación cultural parecidas a las de los sesenta, cuando las varietés lo copaban todo impidiendo vivir a cualquier otra forma de música. La diferencia es que hoy la dominación la genera cierta ideología libertaria de izquierdas. La gente de mi generación, verdaderos obsesos de la música, se preguntan ‘¿para qué ha servido la revolución de los sesenta y setenta?’ Parece que para nada. No es algo que me preocupe, pero a cualquier chico de dieciocho años mi música le sonará reaccionaria”. Más que “ideología libertaria de izquierdas”, yo lo dejaría en “libertaria” a secas, pero coincido plenamente con el diagnóstico. Podéis leer la entrevista completa aquí.

La sintonía entre Reagan, el gangsta rap y Blixa Bargeld

Estas semanas estoy encontrando libros nuevos, muy recomendables, que comparten enfoques con mi panfleto. Uno de ellos es El fin de la clase media, del periodista Esteban Hernández, compañero de El Confidencial. El terreno común debe de ser evidente porque nos han invitado a una presentación conjunta este martes 4 de noviembre en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC), situado en el Palacio de Godoy (Madrid). Será a las 15:45, rodeados de un programa estupendo. Al día siguiente, miércoles 5, Esteban y yo estaremos debatiendo también en el programa Hoy Empieza Todo de Radio 3, que se emite de nueve a once de la mañana. Os dejo con uno de mis párrafos favoritos de El fin de la clase media: Sigue leyendo

Cultura y política (válgame la redundancia)

Esta semana, durante una entrevista con mi amiga Diana Aller, autora de un blog de referencia, me puse a hablar de Podemos sin darme mucha cuenta. “Eso queda un poco lejos del asunto de tu libro, ¿no?”, dijo para evitar la dispersión. Contesté que “por supuesto” y volví a hablar (mal) de Stone Roses y la Velvet Underground. Cuando terminó la charla, me sentí un poco culpable, porque en realidad sí creo que la cultura debe ser inseparable de la política (a no ser que te encarames a una torre de marfil o bien dediques la vida a mirarte los zapatos, como una famosa corriente de la subcultura indie). Sé que no soy el único que piensa de esta manera. Peio H. Riaño, responsable de la sección de cultura de El Confidencial, usa como biografía de su cuenta de Twitter la frase “Cultura (política)”. Manuel Borja-Villel, director del museo Reina Sofía, piensa que el 15M fue lo más importante que le pasó a la cultura en 2011. El mayor avance que tenemos por delante, también para las cuestiones “culturales”, tiene que ver con la actividad de colectivos como la PAH, Podemos, Juventud Sin Futuro, la Oficina Precaria y el movimiento para cerrar los CIES (centros de internamiento de migrantes). Al final, Diana y yo encontramos terreno común en esta frase: lo que los modernos llaman “postureo” no es tan diferente de eso que los marxistas llamaron “alienación”. Una vez hecho el discurso, recomiendo leer este post del sociólogo César Rendueles, que explica la situación mucho mejor que yo.