Una ficción mercantilizada de sociabilidad

Luis de la Cruz ha escrito un espléndido post en la página web Madrid me mata. Me gusta especialmente el subtítulo: el capitalismo que nos toca interiorizar. “Es cada vez más habitual acudir a brunchs, inauguraciones de exposiciones, o eventos publicitarios disfrazados de concierto. También proliferan por doquier rutas, que se confrontan con el paseo porque ordenan las postas del itinerario de antemano: Noche en Blanco (y sucedáneos), rutas de la tapa, paseos históricos, etcétera.

Esta cultura del evento crea una ficción mercantilizada de la sociabilidad. Los eventos y las rutas son evanescentes y temporales, frente a los lugares de sociabilidad vecinal ajenos a lo mercantil (el centro social, la escuela, la huerta, el club, el hogar del jubilado…), que proporcionan sedimento sobre el que se asienta el tejido vecinal. Propician los lazos débiles y el individualismo frente a los lazos comunitarios robustos. Sigue leyendo

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Pasolini sobre los hipsters

Pier Paolo Pasolini, escritor y cineasta italiano, se enamoró de los hippies sesenteros. «¿Qué decían, con su lenguaje inarticulado consistente en el signo monolítico del cabello, los melenudos en 1966 y 1967?  Decían esto: «La civilización de consumo nos da asco. Protestamos de forma radical. Creamos un anticuerpo a dicha civilización, a través del rechazo. Parecía que todo marchaba bien, ¿eh? ¿Nuestra generación tenía que ser una generación de integrados? Pues esto es lo que pasa en realidad. Oponemos la locura a un destino de ‘ejecutivos’. Creamos nuevos valores religiosos en la entropía burguesa, precisamente en el momento en que se está volviendo perfectamente laica y hedonista. Lo hacemos con un clamor y una violencia revolucionaria (¡la violencia de los no violentos!) porque nuestra crítica a nuestra sociedad es total e intransigente». Sigue leyendo

Kiko Amat: “El periodismo musical son demasiados tíos diciendo lo mismo sobre el mismo artista”

“El periodismo musical que se hace ahora me parece impersonal, ocasionalmente servil, a menudo presuntuoso. Todo es muy homogéneo: demasiados tíos diciendo lo mismo sobre el mismo artista. Además, está encadenado al canon intelectualoide: Dylan, el free jazz, el math rock y la brasa experimental sí merecen atención, mientras que el ska, el psychobilly, la música Oi! o el revival mod ni hablar. Los textos carecen de humor, raramente entran en lo político y cometen siempre el mismo error: no darse cuenta de que la inmensa mayoría de músicos llevan vidas aburridas y no tienen mucho que decir sobre el mundo y sus avatares. Explicar la grabación de un disco es un tostón casi insuperable”. (Kiko Amat, escritor y periodista, en el número de septiembre de 2012 de la revista Rockdelux).

“La música que escuchan los putos sudacas en la cárcel”

El blog de Oche Zamora ha publicado un post muy chulo a próposito de Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural. Cortamos y pegamos un fragmento:

“Cuando estaba estudiando la carrera en Sevilla trabajaba de camarero, cómo no, en un bar de La Alameda de Hércules al que iban muchos poperos. Poperos, así es como se les llamaba antes a los indies. Ahora son hipster. Básicamente, yo era un perroflauta (de eso me enteré después) que venía del hip hop, o un hiphopero con toques perroflautistas, sacudido en ese momento por el brutal sortilegio de esa alienación de la música popular latina que fue la salsa de los años setenta y ochenta, y fascinado por las distintas derivaciones del tropicalismo brasileño. Sigue leyendo

Nacho Vegas: “El indie fue tan vacuo por su esteticismo”

Una de las razones por las que me alegro de haber escrito el libro son las veinte páginas de presentación que firma Nacho Vegas. Allí recuerda, con su estilo visceral y empático, algunos de los problemas del indie estatal. Mi parte favorita este párrafo tan claro y pegado a la realidad: “Una anécdota significativa ocurrió una tarde después de ensayar con el grupo en el que comencé tocando la guitarra, Eliminator Jr. En aquel momento yo estaba empezando a interesarme en la lucha por la oficialidad del asturiano, que conectaba con las reivindicaciones de algunos grupos de izquierda. Se me ocurrió mencionar el tema y en el acto dos de mis compañeros me interrumpieron al grito de “¡Panfleto, panfleto!” Fue una broma que se repetiría alguna que otra vez, en cuanto alguien osaba mencionar la política en una conversación. Sigue leyendo

“Lo hipster es una mutación del viejo pijerío”

Dos días después de la entrevista con El Confidencial, se organizó un encuentro digital para contestar a las preguntas de los internautas. “Lo hipster es una mutación del viejo pijerío. Las secciones de cultura tienen gran parte de responsabilidad de que se imponga la cultura hipster. Parecen más pendientes de satisfacer a la industria que a sus oyentes y lectores. Una prensa cultural mejor pasaría por apostar por las cooperativas, aumentar el debate dentro de las redacciones y mayor apoyo público”.

Puedes leer la charla completa aquí.

¿Quién mató al ensayo político?

Repasando un viejo ejemplar de Ajoblanco, publicado de 1988, encontramos un reportaje sobre el auge y caída del ensayo político durante la Transición. El fenómeno lo explica Jorge Herralde, responsable de Anagrama, posiblemente la editorial más hipster de España: “Es real que entre finales de los sesenta y finales de los setenta hubo un auge del ensayo, que surgió de un núcleo duro y universitario, al que se adaptó todo el mundo, desde los inquietos, hasta los más inesperados. Fueron ocho o nueve años. También es cierto que antes, durante y después, lo que se leía era narrativa. Y prueba de ello es que todas las editoriales de ensayo de la época o quebraron o se remodelaron, pero ninguna pudo lograr la acomodación necesaria como para poder subsistir manteniendo la misma línea editorial. Ahora hay un lector selectivo, un lector que fue masacrado por el ensayo de los años setenta, que leía por deber y obligación. Luego ya, atendidas la necesidades objetivas o subjetivas, en los año ochenta lee narrativa. Lo digo con datos concretos de varias librerías. Por ejemplo, en Cinc D’Ors, que era la librería roja por antonomasia de Barcelona, la dueña me explicaba que sus clientes son exactamente los mismos. Solo que antes leían Empirocriticismo de Lenin y ahora se llevan a Patricia Highsmith o a Raymond Chandler”. Resumiendo: la llegada de la “democracia” y el triunfo del PSOE convenció a los lectores que ya no había necesidad de leer ensayo político. La ingenuidad duró más o menos hasta la crash financiero de 2008 y las protestas de 2011.

El elitismo al alcance de todos

¿Cómo definirías lo hipster? ¿Por qué equiparas indies, hipsters y gafapastas?

Los hipsters son una falsa subcultura, que parece que se enfrenta a los valores dominantes, pero en realidad propone una versión más despiadada y esnob del capitalismo actual. Podemos decir que son contraculturales en la estética y yuppies en la ética. Sobre el indie, es una escena tirando a naíf, cuyos miembros adoran la ironía, la candidez y sentirse especiales. Básicamente, hablamos de una escena infantil y basada en la estética, sin ningún elemento que cuestione el sistema, ni siquiera en tiempos de emergencia social como estos (esto es la regla, aunque dentro del indie hay excepciones que la confirman). ‘Gafapastas’ o ‘culturetas’ son aquellas personas que se sienten superiores a través de consumos culturales presuntamente exquisitos, pongamos un disco de Radiohead o una novela de David Foster Wallace. Lo que comparten indies, hipsters y gafapastas es la sensación de pertenecer a una élite cultural por encima de las ‘masas’, digamos el gran público, que ellos consideran vulgar.

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Sentirse gilipollas en el Primavera Sound

“La escena independiente es de suyo pija: está en las antípodas de la red de gaztetxes (centros sociales okupados) en la que me formé. En el underground tenemos nuestros polos, nuestro cinismo y nuestras drogas, que son una querencia pequeñoburguesa. Recuerdo haberme sentido un poco gilipollas en el Primavera Sound 2011, yendo a tocar al Fórum con mi sensación de triunfo y mi resaca, mientras desalojaban a los indignados de la Plaza Catalunya. Festivales como el Primavera Sound son el doble complementario de la existencia virtual de las masas en los foros sociales de Internet. Cuando estas masas se reúnen, no hacen más que comprobar experimentalmente que están constituidos como grupo virtual, que no pueden encontrarse más que en la red, que todo encuentro actual es, hasta cierto punto, un acto fallido, por lo que regresarán resacosos y renovados a la red. El espectador actual acude a los conciertos a recrear en directo su experiencia íntima y virtual de la canción” (Gari Gamarra, del grupo Ornamento y Delito, Rockdelux, número de julio-agosto de 2014).

Entrevista en El Confidencial

Pss, pss, amigo. ¿Se siente usted el más moderno de su clase/oficina/familia? ¿Cree que Wilco, Arcade Fire y Radiohead son lo mejor que le ha pasado a la música en las últimas cuatro décadas? ¿Se toma las recomendaciones musicales de Rockdelux y Pitchfork como un dogma de fe? ¿Tiene fobia a la cultura politizada? ¿Se ríe usted a mandíbula batiente de los gustos musicales de chonisperroflautas y bakaladeros? ¿Se cree usted, en definitiva, único y especial? Pues no se preocupe: tenemos la solución a su problema, la lectura del ensayo Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural (Capitán Swing, 2014), del periodista Víctor Lenore, que más que escribir un libro ha inventado la primera máquina de deshipsterizar personas.

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