Entrevista en El Confidencial

Pss, pss, amigo. ¿Se siente usted el más moderno de su clase/oficina/familia? ¿Cree que Wilco, Arcade Fire y Radiohead son lo mejor que le ha pasado a la música en las últimas cuatro décadas? ¿Se toma las recomendaciones musicales de Rockdelux y Pitchfork como un dogma de fe? ¿Tiene fobia a la cultura politizada? ¿Se ríe usted a mandíbula batiente de los gustos musicales de chonisperroflautas y bakaladeros? ¿Se cree usted, en definitiva, único y especial? Pues no se preocupe: tenemos la solución a su problema, la lectura del ensayo Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural (Capitán Swing, 2014), del periodista Víctor Lenore, que más que escribir un libro ha inventado la primera máquina de deshipsterizar personas.

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Los hipsters son un paso atrás

Simon Reynolds, crítico musical de referencia, se posiciona sobre la tribu: “¿Qué opino de los hipsters? Sé que existen: me los he cruzado en los aeropuertos de Nueva York, Londres y Los Ángeles. En realidad, son un paso atrás, porque los viejos bohemios buscaban cosas que la sociedad no les ofrecía, como drogas o mayor libertad sexual, mientras que los hipsters actuales buscan cosas que ya ofrece el mercado. Antes ser hipster era un muestra de interés por la cultura negra, ahora es un simple estilo de consumo. Nadie admite ser un hipster, pero supongo que yo lo soy un poco, en el sentido de que disfruto los estilos retro, los diseños vintage y los discos raros. Solo me falta un corte de pelo interesante y un estilo propio de vestir. No compro mucha ropa, pero sí otras cosas en grandes cantidades: discos, libros, películas, tecnología… Acaparamos más contenidos culturales de los que podemos consumir. Yo el primero. En realidad, son productos, no es cultura hasta que alcancen algún tipo de relevancia social” (Rockdelux, octubre de 2014).