Cultura y política (válgame la redundancia)

Esta semana, durante una entrevista con mi amiga Diana Aller, autora de un blog de referencia, me puse a hablar de Podemos sin darme mucha cuenta. “Eso queda un poco lejos del asunto de tu libro, ¿no?”, dijo para evitar la dispersión. Contesté que “por supuesto” y volví a hablar (mal) de Stone Roses y la Velvet Underground. Cuando terminó la charla, me sentí un poco culpable, porque en realidad sí creo que la cultura debe ser inseparable de la política (a no ser que te encarames a una torre de marfil o bien dediques la vida a mirarte los zapatos, como una famosa corriente de la subcultura indie). Sé que no soy el único que piensa de esta manera. Peio H. Riaño, responsable de la sección de cultura de El Confidencial, usa como biografía de su cuenta de Twitter la frase “Cultura (política)”. Manuel Borja-Villel, director del museo Reina Sofía, piensa que el 15M fue lo más importante que le pasó a la cultura en 2011. El mayor avance que tenemos por delante, también para las cuestiones “culturales”, tiene que ver con la actividad de colectivos como la PAH, Podemos, Juventud Sin Futuro, la Oficina Precaria y el movimiento para cerrar los CIES (centros de internamiento de migrantes). Al final, Diana y yo encontramos terreno común en esta frase: lo que los modernos llaman “postureo” no es tan diferente de eso que los marxistas llamaron “alienación”. Una vez hecho el discurso, recomiendo leer este post del sociólogo César Rendueles, que explica la situación mucho mejor que yo.

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